viernes, 22 de mayo de 2015

EL CAMINO DEL DESARROLLO ESPIRITUAL



El Camino del Desarrollo Espiritual

Antes de comenzar cualquier cosa y sobre todo caminar hacia algo, debemos conocer que es lo que buscamos. Para ello si queremos adentrarnos en un camino espiritual, tendremos que conocer lo que significa la espiritualidad. Por tanto definamos que es.

La espiritualidad se entiende a partir de la oposición entre la materia (cuerpo) y el espíritu (alma).
Por tanto podemos relacionar la espiritualidad con la  búsqueda del sentido de la vida que trasciende lo mundano.

En concreto, se considera que ese camino es una manera de adquirir nuevos valores y de mejorar a nivel personal en aspectos tales como el silencio, el ser más reflexivo, el  aprender a vivir con lo que tenemos. La sociabilidad o la necesidad de escuchar y de ayudar al prójimo, sabiendo que no podemos vivir solo pensando en las necesidades físicas y materiales.

Empezamos el camino espiritual “aspirando” hacia una transformación instantánea de toda situación por la que estamos pasando en la vida. Ahora bien la mayor parte de las personas olvidan o más bien desconocen, que entre el principio y el final de ese camino, están un sinfín de pasos intermedios o trabajos a realizar.
Ese proceso continuo de auto-examinación que es el “Camino Espiritual” seduce sobremanera a algunas personas, así como a otras las decepciona cuando no logran esa paz interior o sabiduría, después de leer libros o realizar un taller de fin de semana, para el despertar espiritual  o desarrollo personal.
Tanto el despertar espiritual como el desarrollo personal, requiere “Paciencia”, “Duro Trabajo” y “Disciplina”.
Es una tentación andar de sitio en sitio, de escuela en escuela, de grupo en grupo, buscando experiencias fuertes y ¡si son gratuitas mejor!, sin establecer un compromiso de auto-investigación y práctica profunda en una disciplina concreta, con la intención de hacer.
Querer hacer y liberarse del sufrimiento, es lo que da  la motivación en la búsqueda de la iluminación. No solo hacer sino “querer” hacer, conlleva disciplina y trabajo continuo.
La espiritualidad del siglo XXI es acusada a menudo de vender respuestas superficiales y brillantes a complejidades y momentos dolorosos de la vida. Cuando se te dice que el pensamiento positivo siempre te protege de todo peligro, del sufrimiento o de los fracasos, están ofreciéndote promesas superficiales. Así como un sinfín de talleres gratuitos de meditaciones ofreciéndote con ellas un bienestar y conocimiento, igualmente promesas superficiales. De todo esto viene y con razón las acusaciones que se profieren a modo de insulto.

También usarlo como hobby o como un entretenimiento placentero o intelectual, con escasa implicación personal, no es fácil que se dé la transformación personal profunda y mucho menos el desarrollo espiritual.

Te equivocas, si no hay una base profunda de querer adquirir conocimiento, la sola búsqueda superficial de nuevas experiencias, no te acerca más al camino espiritual sino que te aleja de él.

Lo que normalmente conduce a la gente al camino espiritual, suele ser una tragedia personal, la muerte de un ser querido, una pérdida importante o cualquier cosa que resulte tan dolorosa que acaba traspasando la barrera del dolor y conectando con algo más profundo.

Este tipo de experiencias cotidianas, hacen sentir un algo más interno que llevan a la búsqueda de diferentes formas de alcanzar experiencias místicas o de iluminación. La conciencia se abre y puede servir de inspiración o motivación para la búsqueda personal del desarrollo espiritual.

Es la búsqueda de la iluminación por ejemplo; que se comprenda la realidad de que las cosas son como son y las emociones que provocan son las que hay que saber darles su tiempo y la magnitud que merecen, sin que sean el motor de un comportamiento continuado.
Se Puede haber tenido una realización o iluminación con ese tipo de circunstancias sí, pero otras partes de su comprensión siguen oscuras, para ello hace falta voluntad, paciencia, disciplina y duro trabajo, como antes dije.

Practicar la sabiduría en los conflictos cotidianos y saber gestionarlos, muchas veces es más difícil que retirarse a una cueva a meditar fuera del mundanal ruido.

En el camino espiritual hay muchos momentos y circunstancias para la auto-decepción, porque somos seres inseguros e inflados de “egos” a la vez. Por eso  hacerse las preguntas adecuadas y vivir con ellas es muy conveniente.
El autoconocimiento es imprescindible, y para ello se requiere mucha humildad y la voluntad de pedir la opinión de quienes te rodean. Eso es lo que te ayuda a mantenerte centrado en el propósito, porque si no, hay muchos riesgos de perderse en el camino. Para hacer ese camino con el menor riesgo de error debes buscar un maestro o terapeuta con experiencia. Piensa por un momento que al igual que un cirujano para abrir tu cuerpo necesita estudio y práctica, un maestro-terapeuta espiritual, va abrir tu “alma”.

En este arduo camino del conocimiento personal, para el desarrollo espiritual y con él alcanzar la iluminación, hay muchas trampas. Trampas que debemos conocer si realmente estamos dispuestos a seguir ese camino.

Las Diferentes Trampas

Leemos libros y escuchamos a maestros/as que nos transmiten conceptos como el desapego, la compasión, la humildad etc. Por un momento nos engañamos pensando que hemos alcanzado una comprensión de esas cosas, pero más adelante observamos en nuestra experiencia cotidiana que no, que no están integradas en nosotros, que nos cuesta. Puede que te desmotives en ese momento, pero piensa que el primer paso que tienes que aprender es a “aceptar” y “aceptarte”, a partir de ahí, seguir avanzando.

Otra “trampa” es que durante las diferentes prácticas de diferentes técnicas, puedes llegar a experimentar estados alterados de conciencia de gran gozo, intensidad y felicidad profunda. Pues bien no te obsesiones con volver a alcanzar esos estados porque son impredecibles. Ábrete a ellos pero no los persigas demasiado porque podría ser causa de decepción y desmotivación, especialmente porque cuanto más los persigues más te rehúyen.
Incluso puede parecerte que has alcanzado la realización (comprensión profunda) del sentido de la vida y cosas así. Puede que hasta te creas que has alcanzado la iluminación o el despertar. No te entusiasmes demasiado y sigue practicando.
Lo que verdaderamente importa es como aplicas todo eso que vas aprendiendo, a tu vida cotidiana y a tus relaciones con las demás personas.

Otra de las trampas y para mí la más grave es que al integrar la espiritualidad a nuestras vidas puede hacernos caer en el papel de salvadores o pequeños maestros mesiánicos o bien creer estar en poder de la “piedra filosofal”. Si te encuentras convirtiéndote y creyéndote  un “iluminado/a”, sintiendo que eres diferente a los demás y que estás destinado a la maestría espiritual,  ¡cuidado! quizás estás sufriendo una terrible vanidad y una atroz grandiosidad. Nada estás aprendiendo.

Existe una gran diferencia entre crear cuidadosamente un camino espiritual que incluya prácticas sencillas y genuinas, de una gran variedad de enseñanzas y ser una abeja que va de flor en flor, buscando no se sabe qué.
No todo lo que brilla es oro. Escoger un maestro es escoger un camino. Hay una disparidad de maestros y dentro de ellos diferentes técnicas de aprendizaje, así como de sus diferentes comportamientos.

Aquellos que minimizan el duro trabajo que acompaña al verdadero camino espiritual o todo lo contrario que lo eleva hasta la ciega adherencia al gurú, maestro o sanador, están faltando e incluso traicionando el auténtico mensaje espiritual.

Para saber que disciplina debes seguir en tu camino espiritual, debes comenzar por una disciplina moral, que al principio es muy necesaria. La disciplina moral consiste en unas normas básicas de comportamiento, lo que es lo mismo, saber diferenciar el bien del mal y  utilizar el libre albedrio con responsabilidad.
Al principio cuando la persona está perdida en un sinfín de dudas y emociones, no debe quedar a merced de cualquier enseñanza fanática o extremista, por eso es necesario tener consolidada esa disciplina moral.

Hay que tener cuidado de quienes claman poderes especiales o de iluminación. Son quienes llevan a la decepción y al equívoco de lo que realmente es el camino de la espiritualidad.

La iluminación es un estado de comprensión de las cosas más allá de su apariencia, un tipo de comprensión que te transforma.

La disciplina moral nos ayuda a mantener unos hábitos que previamente hemos adoptado y, a través de ellos, desarrollar la conciencia. Conciencia que sabrá discernir el bien del mal, propio y ajeno, la entrega con responsabilidad, la humildad sin vasallaje y el respeto hacia el otro.

Piensa que también a tu maestro, o maestra le suelen ocurrir cosas. Si tu guía cae en depresión o enferma, o se separa de su pareja, te desilusiona. Te dices: "¡Pero si es un guía espiritual!" ¿Y qué? También es un ser humano en el proceso de conocimiento y desarrollo.
Hay que vivir con esa paradoja. Quédate con lo que te transmite, con lo que aprendes y creces a su lado. Lo demás forma parte de su propio proceso de crecimiento espiritual. Y quizás tú puedes usarlo también para el tuyo propio, si lo miras con sabiduría y compasión.

Recuerda: el camino espiritual es un trabajo de toda una vida; no sólo para ti, también para tu maestro-guía.

Superioridad, juicio y sentencia, son las trampas más dañinas dentro del camino al desarrollo espiritual. Ahora bien hay otras muchas como, la ignorancia, el menosprecio, y la crítica a quien en ello se imbuye.

Como en todo, siempre hay dos lados (trampas), en los que puedes caer: por exceso o por defecto.

Comienza tu camino con humildad, y sin perderla, trabaja con regularidad y constancia, respetando los caminos del otro. Nunca ningún camino hacia la espiritualidad debe alejarte de los tuyos, de tu entorno y de tus obligaciones cotidianas.

El desarrollo espiritual es la comprensión de tu momento en la existencia presente, la comunión de lo que quieres y debes saber.

Quien algo quiere algo le cuesta.
Nada es gratuito en la existencia.
Valora el esfuerzo propio y ajeno.
Ese camino de aprendizaje requiere un algo mas ¿realmente quieres hacerlo?.




sábado, 21 de marzo de 2015

NO SIEMPRE



NO SIEMPRE

No siempre es fácil cambiar nuestros patrones de vida, pero es posible hacerlo.
No siempre vivimos como queremos sino como podemos.
No siempre obtienes lo que quieres, sino lo que te corresponde.
No siempre son los fallos lo que más nos perjudica, sino la manera de proceder después de haberlos cometido.

Sea cual fuere el punto donde te encuentras actualmente, puedes lograr lo que desees o quieras.

Como digo en la primera frase de este escrito, -no siempre es fácil cambiar nuestros patrones de vida-, ¿pero es posible?. Difícil responder a esa pregunta con prontitud.
Aunque en la frase afirmo –es posible hacerlo-, creo que lo lógico es primero plantearnos la pregunta,- ¿es posible?, para después de una reflexión, quizá y digo quizá intencionadamente como ayuda a la reflexión, llegar a la afirmación –¡es posible hacerlo!-.

Siempre que decidimos cambiar, enfrentamos resistencia. Todo cambio por nimio que sea suscita un desafío, un reto, y con un además; es una carrera de fondo para la que se necesita preparación. La decisión del cambio debe tener una sólida base y una motivación evidente, no solo ser un deseo momentáneo o una consecuencia de un momento puntual.
Si es un simple deseo, es fácil aprender diferentes formas de actuación y comportamiento. Siempre dependiendo para que ese cambio y porqué, exigirá una voluntad y un esfuerzo más o menos intenso, pero siempre habrá resistencia que superar.
No es igual aprender a cambiar modales y apariencias, que actitudes y comportamientos. Como tampoco es igual o mejor dicho es muy diferente, si queremos un  cambio interior como simple experiencia por curiosidad o como aprendizaje y evolución. Todo cambio genera una consecución de cambios. Todos son aceptables e igual de válidos, pero muy diferentes en formas de acometerlos y en tiempos de logros.
“Deseo o quiero”, esa sería la primera interrogante. La segunda, “motivo”. Y una tercera “porqué” de ese cambio.   

Hay una segunda frase que expongo y dice, -No siempre vivimos como queremos sino como podemos-. ¿Hasta qué punto aceptamos esa afirmación?.
Se confunde con mucha frecuencia el verbo “querer” con el de “desear”.
Muy pocas veces los deseos se hacen realidad. La mayoría de las veces nos topamos con enormes fisuras o profundos socavones. Cuando deseamos riquezas, un amor extraordinario, una familia perfecta etc., imaginamos, fantaseamos, llegando con nuestra imaginación a la utopía. Las fantasías engendran quimeras.

Nuestra naturaleza nos empuja a desear constantemente e imaginar esos otros mundos en los que encontraríamos la felicidad, olvidando que la felicidad se consigue aprendiendo con esfuerzo a “querer”, a mirar desde nuestro interior y ver de otra forma lo que nos ocurre.

Al igual que nuestra naturaleza nos induce al deseo igualmente nos provoca cambios. Cada minuto de nuestra existencia es diferente al anterior y al posterior. La vida es un puro cambio, un movimiento continuo. Las dudas, las dificultades e incluso los sufrimientos que nos generan esos cambios naturales, son la causa real de querer o desear esos otros cambios en nosotros.
Querer es saber aceptar, por tanto comprender el momento, y en esa disyuntiva ir provocando cambios, queridos, no tan solo deseados. La manera más infalible es hacerlo realmente desde el interior hacia el exterior.

Hay una tercera frase, “No siempre obtienes lo que quieres, sino lo que te corresponde”. El inconsciente es impulsivo, emocional e imprevisible, aun necesitando supervisión puede ser brillante, es donde generalmente se fraguan los deseos.
El deseo es un impulso, solicita una ausencia, mientras que querer implica presencia y voluntad de ejecutar.
Lo que queremos y lo que nos corresponde. Dilucidar entre ambas cosas es lo más complicado de entender. Para ello el esfuerzo de conocernos realmente es la base de ese entendimiento.
Pondré un ejemplo. Quiero ser físico y astrónomo, siento gran admiración por quien lo es, además de interesarme por ese mundo de investigación. ¿Qué puedo hacer?, en primer lugar, conocer mi momento y sopesar posibilidades, y en segundo lugar, mi capacidad de conocimiento, voluntad y esfuerzo. Hecha esta introspección tomar una decisión.
Dentro de esa introspección existe otra posibilidad, que es la de seguir aprendiendo de ese mundo como observador, e ir transmitiendo desde tu más cercano entorno, todo lo que aprendes. Puede que te surja alguien que eso que tú quieres ser, tenga esa capacidad y circunstancia para serlo, y tú con tu fuerza y ayuda le facilites ese camino. Comprobarás que es igual de satisfactorio. De ahí el sentido de la frase, No siempre obtienes lo que quieres, sino lo que te corresponde”.

Desarrollar nuestras capacidades no siempre depende de nosotros en su totalidad. Pero si depende de nosotros saber quién somos y en que parámetros nos movemos, para desde esa perspectiva proyectar las diferentes posibilidades de lograr lo que queremos.
Nada se logra sin voluntad y esfuerzo.

Como dice una cuarta frase que expongo en el comienzo del escrito No siempre son los fallos lo que más nos perjudica, sino la manera de proceder después de haberlos cometido”.
Los fallos o errores, nada tienen de malo ni perjudicial, son el aprendizaje de cada cual. Sí la manera de actuar después de ello. Hay quien se rinde, se avergüenza o se justifica, en lugar de analizar y sopesar lo sucedido y con esa observación, intentar a continuación cambiar lo sucedido.
Una de las justificaciones de esos errores es culpabilizar a otros, la más frecuente, y la más peligrosa a su vez.
Quienes culpan a otros de lo que nos sucede en la existencia de vida, deja en manos de esos otros todo el control de nuestros actos y con ello de nuestro más rico maestro, nuestras emociones.

Seguiré insistiendo en cada escrito que expongo en este medio hasta la saciedad, que con la libertad, la felicidad, y el amor se nace, y solo el conocimiento de sí mismos, nos lleva al saber que queremos realmente y la capacidad de entrega, responsabilidad y voluntad con que queremos caminar por esta nuestra existencia de vida.

Si quieres cambiar, pide ayuda. Nadie está solo.   
Si necesitas ayuda, pídela, pero con el compromiso de hacer.
Si quieres hacer, tu voluntad es imprescindible.
Si tu voluntad se debilita, la responsabilidad la sostiene.

Solo tú sabes quién eres, solo tienes que descubrirte. Sentirás asombro sí, pero a su vez conocerás, y desde tu corazón con ese conocimiento serás capaz de lo impensable. 

Nunca es tarde para cambiar ni mucho menos para saber.



jueves, 22 de enero de 2015

NO TENGO TIEMPO


No Tengo Tiempo 

Ya el filósofo Epíteto en el siglo I d. C. decía “no nos afecta lo que nos sucede sino lo que pensamos sobre lo que nos sucede”. Hoy escuche una entrevista a la que fuera esposa durante veintiséis años, de Stephen Hawking, físico, astrofísico, cosmólogo y divulgador científico. Una de las preguntas que le hicieron fue –como su marido sabiendo que podía morir en cualquier momento, había sido capaz de conseguir lo que había conseguido y llegar donde había llegado-, ella con toda la tranquilidad del mundo ha dado una respuesta sencilla y a su vez increíble (al menos para mi, que día a día intento transmitir, el como no solo controlar los pensamientos, sino como aceptar la vida y querer vivir), la respuesta fue la siguiente, -nunca pensó en lo que podía suceder, él se limita a vivir el día a día con el entusiasmo de su trabajo, aún teniendo que modificar las formas de ejercerlo-.

Que grandeza de persona. Esta es la actitud que todos deberíamos tener en la vida, puesto que es una actitud.

Hagamos una reflexión sobre que es la actitud ante la vida.

La actitud es el estado de ánimo con que se expresa una persona de cierta manera ante la vida.
Las personas buscan la coherencia en su vida y que en base a conseguirla es que varían sus actitudes y pensamientos. Si nos limitamos a estar preocupados y lamentándonos, perdemos la tranquilidad, y si además nos enrocamos en quejas continuas, seremos vulnerables emocionalmente.
 
Hay actitudes positivas y negativas. Las positivas son aquellas que colaboran con el individuo para conseguir enfrentar la realidad de una forma sana y efectiva, mientras que las negativas son las que entorpecen esta relación del individuo consigo mismo y con su entorno.
 
Los mismos acontecimientos a las personas les afectan de manera diferente, hay quien se suele decir a si mismo -estoy mal, debería hacer esto o aquello para no sentirme así- ¿qué puedo hacer para estar mejor?. Cuando los pensamientos comienzan a presionar en la toma de decisiones, es cuando la actitud se balancea entre la positividad y la negatividad. Lo idóneo en ese momento no es precisamente “hacer”, sino todo lo contrario, “no hacer nada”, solo calmarse, que los pensamientos pasen y no presionar para la toma de decisiones. Lo ideal es estar sereno y en ese estado prevalece la actitud positiva, provocando incluso la sensación de que lo importante es estar vivo.

Una actitud positiva es decir mentalmente “no tengo tiempo”. La vida es efímera para someterla a pensamientos negativos o actitudes que realmente nos dañan y coartan las diferentes posibilidades que la vida nos presenta.
 
La sensación de negatividad ante cualquier circunstancia que se tenga, tanto de origen como circunstancial, si cambiamos nuestra manera de pensar se nos abre un mundo de posibilidades, nos quitamos presión a nosotros mismos, fijándonos en lo positivo que tenemos, lo que podemos hacer, y no en las dificultades que imaginamos se nos pueden plantear, hay que hacer las cosas sin presión, “entonces es cuando empezamos a disfrutar”.

Cierto es que para conseguir esa actitud positiva, debemos tener un diálogo interno realista, porque sabiendo de la vulnerabilidad de los seres humanos a nivel emocional y que generalmente vemos terrible,   cosas que ciertamente no lo son, cada vez que nosotros, a nosotros mismos con nuestro diálogo interno nos decimos, que lo que nos está sucediendo es terrible, nos estamos provocando una emoción negativa.
Por el contrario, si nuestro dialogo interno es sereno y sabiendo que cualquier apego, comparación o  intento de imitar las habilidades de otros, solo hacen que retrasarnos en nuestro desarrollo y evolución personal, adquiriremos el conocimiento y con él la actitud positiva con la que conduciremos nuestra existencia en la vida.

No podemos ser hábiles en todo, e incluso en casi nada, pero eso no quita que si tenemos ese dialogo interno, podamos descubrir la grandeza que cada quien lleva consigo, adquirir la actitud positiva, para desarrollar cualquier cosa que queramos y sepamos que podemos hacer. Siempre podemos hacer cosas valiosas por nosotros mismos y por y para los demás, haciendo de ello una vida vibrante. Aunque “no tengo tiempo” “no hay que correr, hay que escoger bien lo que quiero o no quiero hacer”.

Si conseguimos calmarnos a partir de un diálogo interno realista y si conseguimos renunciar tanto a lo material como a lo psicológico, veremos que empezaremos a disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. Disfrutaremos sólo observando, transformando las exigencias en preferencias. Destapando la capa que cubre esa felicidad que todos buscan fuera y que se lleva dentro, desde el mismo momento que aparecemos en esta existencia de vida.

“Cada cosa que hagas, préstale atención, haz de cada una de ellas un tesoro”.
Hay que intentar hacer las cosas con cariño e ilusión.

“Sólo necesitamos estar vivos para estar bien”, haciendo este tipo de reflexión los budistas dicen que calmamos “el mono loco” que hay en nuestra cabeza. Conociendo además de la vulnerabilidad del Ser, hay que hacer cada día un pequeño hueco, para la comunicación y el dialogo interno.

Una ayuda para ello es acostumbrar nuestra mente. Les voy a dar un ejercicio muy muy sencillo que puede servirles para ese dialogo interno.

No importa el lugar donde se encuentre, solo que pueda mantener los ojos cerrados durante un espacio de tiempo corto. Mejor sentados y en una posición relajada. Más adelante su mente sabrá hacerlo de cualquier manera y en cualquier lugar. Mi consejo es practicarlo al menos tres veces al día, hasta asumirlo como parte de nuestro hacer cotidiano.

Sentado de forma relajada con los pies en el suelo y sin tensar ningún musculo del cuerpo, cierra los ojos suavemente.
Concentra toda tu atención en la respiración abdominal
a su vez
Visualiza un reloj 
conforme va avanzando la manija grande,
 ve contando del uno al sesenta, de forma acompasada,
un minuto.
Ya

Abre los ojos
siente la calma que ese corto espacio de tiempo de contemplación
ha generado en ti.
Si algún pensamiento te ha asaltado debes apártalo con la solo visualización de las manijas del reloj o el número que corresponda de los sesenta que debes contar.

Ahora continua con lo que estabas haciendo.

Recuerda solo un minuto 60 segundos. Puedes hacerlo en cualquier circunstancia que veas o creas que te está alterando. Igualmente antes de ir a descansar o cuando te sientas estresado en un ambiente o situación.

Máxima para una meditación


“No Tengo Tiempo que perder en esta efímera existencia con actitudes negativas”, que me hacen perder además de Tiempo, la Esencia de mi propio Ser.


martes, 25 de noviembre de 2014

EL CAMINO MEDIO


EL CAMINO MEDIO

Cada momento por el que pasamos en la vida son momentos necesarios de experiencias. Son caminos a seguir en la existencia de vida.
Al caminar es inevitable cierto sufrimiento, perdidas y desilusiones, como igualmente momentos placenteros y saludables. Ahora bien si los recuerdos que tenemos de los momentos de felicidad nos quedan como fugaces, el mucho y constante sufrimiento, ya sea por la circunstancia que nos toque vivir y experimentar, es opcional.

Siendo opcional, si el sufrimiento es continuado, es resistencia al momento presente, la no comprensión, y sobre todo la no aceptación de que todo cuanto existe, está destinado a cambiar, queramos o no, nos guste o no. Nada debe haber que nos cause tanto, una atracción desmesurada, como un rechazo insoportable.

Si observamos con atención cada momento que nos provoca una emoción, descubriremos que cosas tan opuestas como el placer y el dolor tienen sus ventajas o sus desventajas, que con la misma intensidad pueden provocar emociones encontradas.

Nada que ocurra tanto en el entorno cercano como en el global de la humanidad, nos será ajeno, siempre de manera directa como indirecta seremos parte de, sino de una causa, si de un efecto. La claridad y comprensión del suceso, no solo lo observaremos también lo gozaremos o sufriremos, dependiendo eso si, solo de nosotros los tiempos que dicha emoción queremos que anide dentro de nuestros corazones.
La conjugación del corazón con la mente, o dicho de otra manera, la armonía en que nos encontremos, dará el tiempo necesario en que estemos sintiendo esa emoción.

La plenitud de la vida en esta existencia, no está en controlar cada emoción hasta el punto de eliminarla. Esa es una actitud diría yo hasta contraproducente. Si es encontrar en cada una de ellas la satisfacción que desde el interior genera; tanto si zarandea haciendo daño, como si sorprende añadiendo un momento de felicidad. Como antes he dicho, depende de nosotros mismos el tiempo que le demos, el regocijo que sintamos a su vez dentro de ella, o la claridad con que analicemos la situación que la provoca.

Recordemos también que somos seres únicos, por tanto cada quien recibe “su emoción”. Puede parecer que todos los seres ante las mismas circunstancias, sienten lo mismo, pues no es así. La naturaleza del ser humano es rica en todo tipo de comportamientos, no dependemos sola y exclusivamente de lo que creemos o queremos cada cual, estamos sujetos a los vaivenes del cambio continuo, a las circunstancias de otros, e incluso a lo que la propia naturaleza y el cosmos nos vaya deparando.

Porqué si cada emoción la disfrutamos o sufrimos de manera personal, la responsabilidad de los actos y decisiones igualmente debe ser personal. En múltiples ocasiones pedimos que otros hagan o nos digan que debemos hacer, bien para resolver esas, las sensaciones y emociones con las que tenemos que convivir cada instante de nuestra existencia, o para que nos resuelvan situaciones puntuales.

Si el inmovilismo en el espacio no existe, ¡porque no aceptamos los cambios con la misma convicción!, ya sean provocados por nosotros o por diferentes circunstancias generales, siendo además participes con responsabilidad de los mismos y desde un conocimiento objetivo y en conciencia, tanto personal como global.
Todos esos cambios, si sabemos en conciencia que deben ser un aporte de conocimiento, y sobre todo quizá para rectificar errores, los disfrutaremos desde su esencia. Eso si dándonos los tiempos necesarios para ello, nunca sobrepasándolos hasta el punto de alterar la capacidad de continuar en el camino que sabemos nuestro.

Hoy pasamos por momentos en la humanidad de contrastes y sobre todo de barbarie entre seres humanos primordialmente. No dejo de reconocer que vivimos en continuo desasosiego, bien sea por hechos evidentes o por creaciones de estados idílicos de quienes se creen en poder de la verdad. Pero también siento que la evolución de los seres humanos está sufriendo una “separación de la paja del trigo”, (me disculpo por tener que utilizar ese termino, pero no se me ocurre otro en este momento), es como si la evolución de unos pasa por la involución de otros. Hay quien muy a pesar de las dificultades que aparecen en su camino, sabe encontrar ese punto de entrega y felicidad, y hay quien solo busca destruir y crear situaciones limites, (creo en beneficio propio), para dominar e implantar no ideas creativas, libertad, responsabilidad y esfuerzo, si no mas bien, hacer seres que solo sean capaces de movilizarse por las ideas de otros de un líder utópico que les promete ser alimentados y cubiertas todas las necesidades, con el mínimo esfuerzo, igual que si fuéramos animalitos indefensos sin capacidad de hacer y pensar, para eso están ellos y tener así satisfechas las mas primitivas necesidades humanas. Eso si dando un cariz de sabiduría a sus palabras y actuaciones. 
Vivir solo con y por apariencias externas, imágenes creadas para ser imitadas, hacer oídos a salvadores de “patrias”, son errores a los que tenemos que dar respuesta e incluso hacer frente con energía y coherencia. En el mundo está sembrada una semilla de confusión tremenda. Si, el ser humano en su materia que no en su esencia, es manipulable, por tanto observemos desde nuestro interior, que y quienes realmente nos plasman una realidad o quienes nos prometen un paraíso, sin esfuerzo ni aporte alguno, sino con un silencio y sin cuestionar nada. La sociedad en la que vivimos, nos aporta cierta tranquilidad con medios para no dejar a quienes atentan contra el bien general y haga de ello una norma y costumbre. 
No dejemos que nadie imponga voluntades para callar e imponer maneras no deseadas. La libertad global pasa por la individual, sabiendo siempre que La Vida material que nos toca vivir, pasa por apreciar desde la propia hacía todo el que decide nacer para su aprendizaje. Nadie es dueño de ninguna vida que aparece en este plano, si un colaborador en su desarrollo, entregando la mayor ayuda posible para su crecimiento y aprendizaje.

No somos pocos quienes sabemos que la vida es algo mas que todo eso, y ahora es el momento de poner en práctica lo que desde nuestro interior sabemos. Cada vez que escribo sobre la individualidad del ser y sobre todo de sus emociones, no dejo de pensar en todo aquel, a quien no soy capaz de transmitir lo que siento y pienso, de la brecha tan enorme que está abierta entre unos y otros. Pero no cejo en seguir intentando abrir cada interior a quienes quieren escuchar, y con cada experiencia bien sea propia o aprendida de otros, decir. Es tiempo ahora. Las llaves están puestas en las cerraduras de todos, ahora bien es decisión propia abrir o dejar que se oxide sin girarla. Dejar nuestro interior en la oscuridad o abrir de par en par para que la Luz entre, dejando ver lo grandiosa que es la vida a la que nos hemos comprometido a Vivir.
Cierto es que nada podemos hacer a nivel global, solo individual. Aunque también creo que las playas están hechas de granitos de arena, seamos cada quien un grano de arena, y formemos una preciosa playa de arena blanca y agradable.

Conozcamos cada emoción dentro de si mismos, para conocer la del otro. Demos el tiempo necesario a cada una de ellas e intentemos caminar no sin esfuerzo, asumiendo nuestro momento, resolviendo sin culpabilizar a nadie de que y quienes somos, sabiendo asumir las decisiones que tomamos con responsabilidad. Somos como ya he dicho en varias ocasiones seres espirituales viviendo una experiencia material, cada cual la suya.

La entrega, el esfuerzo y el respeto propio, genera las emociones mas ricas y satisfactorias. Con la aceptación y la comprensión de cada momento, sobre todo del que hiere haciendo sufrir, pasa a ser una experiencia, sin que se impregne como herida en nuestro cuerpo etéreo, el que prevalece y perdura en el tiempo, ese siempre debe conservarse sin heridas y energéticamente completo.

Hay diferentes caminos por los que transitar en el largo proceso de Vivir. Caminos que debemos siempre observar, sin dejarnos seducir por estados momentáneos de ánimo o por consignas que vayamos escuchando de quienes nos dicen que es lo debemos no solo hacer, sino hasta pensar. La responsabilidad de los actos, aunque las decisiones tomadas no sean siempre las mas acertadas, ademas de darnos experiencia, nos darán seguridad para resolver cualquier contratiempo y lucidez para seguir el camino. No debemos olvidar que nada ni nadie puede llevarnos a hacer lo que no queremos, el camino que decidamos tomar será siempre responsabilidad propia, dejemos de hacer culpables a otros de las decisiones que tomamos, NO somos marionetas, utilizando ese concepto como una justificación, sobre todo ante errores cometidos.

Hay una escrito que leí atribuido a Buda, en el que para explicar lo que significaba vivir plenamente el momento presente y con él conocer el camino a seguir; camino de consciencia y evolución, siendo este ejemplo muy descriptivo. Nos enseña que es el Camino Medio, por el que recorrer, con el mínimo de dificultades, cada momento de la existencia, reconociendo, no lo que deseamos puntualmente, sino lo que queremos para la comprensión y evolución en la existencia material en la que estamos inmersos.
Quizá sepan de él, aún así se lo resumo a continuación y les emplazo a que mediten sobre ello.

Imaginemos ser un tronco de un hermoso árbol, que se desliza por un río. Una de las orillas de dicho río representa los excesos, mientras que la otra orilla representa las privaciones. Mientras, el tronco va evitando ambos extremos.
Sabe que si se queda atrapado en cualquiera de las dos orillas, bien se hunde o se pudre; pero si sigue el Camino Medio, se deslizará flotando por el río y alcanzará el Océano de la Libertad.

Depende de cada uno de nosotros reconocer los extremos, Buda lo hizo, observó y contempló lo que iba apareciendo ante él, fuera lo que fuera. No se dejó seducir por los placeres, ni se dejó traicionar por el dolor, porque se mantuvo centrado en el momento presente, sin apegarse, aferrarse a nada, o escuchar cantos de sirenas, o lo que es lo mismo escuchar a quienes nos prometen lo que en nuestro interior sabemos no es posible. No por incapacidad de realizarlo sino mas bien porque quizá al no ser un camino propio, solo nos lleva a la perdida de conocimiento de nuestra realidad y posiblemente de la realidad general con la que tenemos que vivir.

Cada realidad como cada emoción es propia, ya está dicho, solo si interiorizamos ese conocimiento, seremos capaces de aportar, bien digo aportar, y no de manipular, a los que en plano cercano conviven con nuestras circunstancias y por ende la multiplicidad que eso conlleva.

Seguir ese Camino Medio con responsabilidad y sobre todo con respeto, es labor individual, es adquirir el conocimiento de que y quienes somos, de abrir un canal a la sabiduría universal. Saber que la dificultad con la que debemos vivir, desde nuestro plano etéreo y espiritual en el mundo de la materia, es para adquirir el conocimiento e intentar al menos llegar a la sabiduría, y con ella a la conexión con el Todo. Ese Todo es solo Amor y Entrega Incondicional.


miércoles, 22 de octubre de 2014

NADA ES PERMANENTE


NADA ES PERMANENTE

Saber que nada es permanente es adquirir el conocimiento del potencial con que aparecemos en la vida. Toda vida tiene un tiempo, todo hecho tiene un plazo, ese concepto es lo realmente importante.

La vida del ser humano es como un reloj de arena, poco a poco van cayendo los granos. Respiramos una y otra vez hasta que el ultimo aliento (grano del reloj imaginario), cae y dejamos de experimentar todas y cada una de las situaciones y emociones con las que hemos convivido hasta ahora. Sí, sabemos que vamos a morir, pero el cuando y como ¡no!. Imaginemos el reloj de arena, quizá tomemos conciencia del tiempo que resta hasta la consumación del mismo.
En nuestra vida diaria, los buenos y los malos momentos vienen y van. El niño nace, crece y los adultos envejecen. La vida se compone de infinitos ciclos, momentos y situaciones.
Todo tiene un comienzo, un centro y un final, cada comienzo contiene su propio fin y cada fin encierra la propuesta de un nuevo comienzo. El día a día, amanece, atardece y anochece.
Nada permanece tal como es ahora: el presente no vuelve. Parte del arte que es vivir, es, poder comenzar bien cada momento, cada día, centrar la atención en cada uno de esos momentos, soltarse y aceptarlos amablemente para luego, despedirse de ellos dando a cada instante sus propios valores y la importancia que merecen.
Si un día no concluye adecuadamente, si no hemos comprendido cada situación vivida, una emoción no comprendida o un sentimiento que no hemos sabido sentir, se proyectarán como elementos no procesados al día siguiente; cualquiera que sea su forma, cada momento del día no resuelto nos acompañará como un equipaje molesto, una mochila pesada. Interferirá además como efecto, en la actitud y comportamiento en las siguientes vivencias cotidianas, y o futuras.
El malestar y la frustración de hoy obedece siempre a causas que ocurrieron en el pasado no aceptadas y mucho menos comprendidas. Si tampoco cuestionamos el porqué de esa malestar o frustración, ello se convierte en otro resto de experiencia antigua no superada, apilándose como carga o basura en una esquina de nuestro SER.
Si experimentamos la transición de un día al otro con conciencia, habiendo concluido el anterior adecuadamente, podemos comenzar el nuevo día con una mente más ligera y abierta.
Al finalizar el día o una parte de él, podemos pasar revista a lo que va aconteciendo: emociones intensas, logros, errores cometidos y remordimientos. Aceptamos lo ocurrido y luego, lo dejamos ir, "OCUPARSE NO PREOCUPARSE", así la transición al día siguiente es más fácil.
Morir cada día para de nuevo renacer. Los granos del reloj de arena que es La Vida, deben tener el peso justo y la medida exacta para que la caída sea la adecuada. Ni deprisa ni despacio, ni pesados ni en exceso ligeros. La justa medida.
La carga excesiva de situaciones no resueltas y por ello ni aceptadas ni comprendidas, hace que se consuman los días con la pena de no saber que somos un momento y tenemos un tiempo. El conocimiento consciente de ese saber que tenemos un tiempo (El reloj de arena), hasta la muerte, sería una nueva experiencia de Vida.
La no permanencia en este plano de Vida, no es un simple concepto, sino una experiencia vital, un aprendizaje y un disfrute de cada momento, por el que pasamos día a día.
Con ese concepto adquirido y la práctica, con la mente y el corazón puestos en la no permanencia, en la muerte y el renacer de cada día, nos moveremos con el cambio en lugar de resistirlo. La no permanencia, deja de ser una amenaza para convertirse en algo natural, en una cualidad cambiante y una puerta abierta al conocimiento.
Comprender y aceptar la no permanencia, es imaginar que el comienzo de la vida es como ir a descansar cada noche, donde comienza un ciclo natural, desconectamos, un proceso que podríamos definir como muerte y en la mañana volvemos a conectar, un nuevo renacer.
Si aceptamos la no permanencia del hombre en este plano, y la muerte como final de un ciclo a nivel personal, aceptaremos los ciclos de quienes nos rodean. Las cargas que hay quien lleva por duelos, dejaran de ser cargas para comprender que son procesos naturales. La no permanencia. Los tiempos de cada cual como aprendizaje son exclusivos e individuales y la aceptación de los mismos nos lleva al disfrute de cada día.
Con cada inspiración llenamos de vida a la Vida y con cada exhalación nos acercamos a la muerte, llenándola igualmente de experiencias y conocimiento. Nada pesa sobre la conciencia, la pena no nos consume, la muerte es un renacimiento, es un cambio de conciencia. Es una vibración diferente, que solo en los sueños a veces podemos vislumbrar.
Comprender la NO PERMANENCIA, es aceptar la Vida como un Regalo, y la Muerte como Fin y recompensa a la labor bien hecha.